Derechos conseguidos, derechos perdidos

Cuando leo las noticias sobre la nueva ley del aborto es imposible que no piense en todas esas grandes mujeres que, viviendo en un mundo donde la tradición marcaba sus vidas, decidieron luchar por sus derechos. El voto, la igualdad profesional, el respeto y mil batallas más en las que se enfrentaron. Años más tarde, donde supuestamente todo eso ya ha sido superado por muchas generaciones, veo que mis derechos menguan a pasos agigantados.

Me siento prisionera en un país, dónde el control es cada vez mayor, tanto que incluso se pretende dominar las decisiones de millones de mujeres. A partir de ahora interrumpir el embarazo en las 14 primeras semanas de gestación dejará de ser un derecho para la mujer y será delito despenalizado en ciertos supuestos: la violación y el grave peligro para la vida o la salud física o psíquica de la madre. La presencia de malformaciones fetales graves ya no será un motivo de aborto.

Según el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, la Ley se ha hecho para proteger “a los más débiles: los concebidos y no nacidos”, pero “siempre en interés de la mujer y respetando asimismo sus derechos”. Yo soy mujer y no siento que mis derechos sean respetados en esta Ley. Como ser humano quiero tener el derecho de decidir qué vida quiero llevar sin que nadie me juzgue o reprima mis acciones. Siento un total respeto por aquellos que defienden la vida por encima de todo y rechazan la práctica del aborto. Entiendo que no compartan mis opiniones, pero ¿me respetan ellos a mí por defender lo contrario? ¿Por qué hay que imponer el grito alguien en una sociedad que debería estar ya lo suficientemente avanzada como para aceptar que no todos somos iguales ni queremos las mismas cosas?

Me temo que si esta Ley sigue adelante los abortos clandestinos serán cada vez mayores y las mujeres tendrán que salir del país si quieren interrumpir su embarazo. Incluso es posible que volvamos otra vez a los abortos caseros y las vidas de aquellas que no puedan permitirse irse a una clínica extranjera, corran peligro.

Tomar la decisión de abortar nunca será fácil. No se resume con un “no lo quiero”. La mujer tiene que enfrentarse a un gran dolor psicológico que cuesta de sanar y, muchas veces, la herida se convierte en una cicatriz que nunca se olvida. Deberíamos emplear el tiempo en procurar cuidar a estas mujeres, darles el derecho de poder decidir qué quieren hacer, antes que desperdiciar nuestros esfuerzos en crear leyes que lo único que hacen es destruir la figura de la mujer.

Son muchas las preguntas que me hago y no consigo darles respuesta. Si me quedo embarazada y se que mi hijo nacerá con alguna malformación grave o deficiencia, ¿el Gobierno me brindará todas las ayudas necesarias para que la vida de mi hijo y de mi familia sea lo más confortable posible? ¿Aquellos que están a favor de la ley del aborto serán capaces de seguir sus ideales cuando se encuentren en la misma situación que yo, o a ellos sí se les permitirá abortar?

Ésta nueva normativa se llamará Ley de Protección de la Vida del Concebido y de los Derechos de la Mujer Embarazada, la ley más restrictiva de la democracia y una de las más tristes de la historia de los derechos de la mujer.

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