El osito de Anna Dalí

¿Se imaginan a un pequeño Quim Monzó patinando? ¿Y a Ernest Lluch sentado en un caballo de cartón? ¿No tienen curiosidad por saber con qué jugaba Salvador Dalí? El Museu del juguet de Figueres da respuesta a esas preguntas gracias a la gran colección de juguetes que posee, de los cuales más de la mitad fueron cedidos por grandes artistas.

El museo se inauguró en 1982 en las dependencias del antiguo Hotel París, en la Rambla de Figueres. Con aproximadamente 5.000 piezas privadas Josep María Joan Rosa, director del museo, decidió abrirlo a visitantes para poder compartir su tesoro personal con la población figuerense. Cómo se llegó a tal colección es una historia muy ligada a la creación de nuevos materiales de fabricación. Hacia los años sesenta, el plástico revolucionó la industria y arrinconó objetos hechos de madera y de cartón, entre ellos los juguetes. Así, Josep María decidió reunir todo lo que tenía en casa y sin darse cuenta, el afán por mantener vivo el recuerdo de todas aquellas cosas, le llevó a coleccionar únicamente juguetes.

Salvador y Anna María Dalí con su osito. Verano del 1987

Salvador y Anna María Dalí con su osito. Verano del 1987

Una de las piezas más importantes del museo es Don Osito Marquina, bautizado así por Federico García Lorca. La historia de Marquina tiene como protagonista a Anna María, hermana de Dalí, a quien sus padres le regalaron un osito de felpa comprado en París en 1910. Desde aquél momento el osito formó parte de la familia e incluso Dalí lo pintó en uno de sus cuadros mientras estaba en Cadaqués.

Durante 1926 y 1927, período que García Lorca pasó en Figueres, el escritor visitaba a menudo a Anna María y a su osito. Los dos amigos quedaron en ponerle un nombre al peluche, Don Osito Marquina, dándole así vida y personalidad. Después de irse, Anna María y Lorca mantuvieron correspondencia durante años y en esas cartas se hace referencia a dicho osito reiteradamente.

Y es que, ¿quién no ha hecho como Anna María y le ha dado nombre a uno de sus juguetes preferidos? Ese recuerdo de la infancia es lo que quiere transmitir el Museu del Juguet a sus visitantes con más de 3.500 piezas expuestas y 13.000 como fondo; muchas de ellas acompañadas de fotografías antiguas. Es el caso de los patines de Quim Monzó. Según Josep María el periodista los llevó en persona al museo y escribió el pequeño texto que acompaña a la imagen de Monzó montado en sus patines “Ahora que los miro veo que no aprendí nunca a frenar con la izquierda. Tengo un patín más gastado que el otro”. La fotografía de Quim forma parte de un archivo de 4.000 imágenes cedidas por los propietarios de los juguetes y sus familias, que ayudan a situar las piezas cronológicamente y también a saber cómo se jugaba en cada época.

Las piezas no muestran sólo recuerdos, sino también cómo los avances tecnológicos han incidido en el diseño de los juegos y los juguetes, del mismo modo que lo continúan haciendo ahora los movimientos artísticos y los sucesos históricos. Algunos pertenecieron a personajes conocidos como Joan Palau, Salvador Puig Antich y, a los ya mencionados, Anna María, Salvador Dalí y Quim Monzó. Sin embargo, gente anónima también donan sus juguetes con la esperanza de que no se pierdan en el olvido de cualquier altillo. Personalmente, doné una muñeca de trapo que antes de ser mía fue de mi madre y antes de ser suya de mi abuela. Así, dejé mi huella en un mundo donde los juguetes no tienen ni tiempo ni lugar, porque finalmente, acaban siendo universales.

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